martes, 5 de junio de 2007

GUS EL UNIVERSAL



De vez en cuando me gustaría tener un día normal; pero la verdad ya hace mucho tiempo que renuncié a eso y me resulta casi imposible. Los siguientes hechos que relato transcurren entre las 17hs del jueves y las 12hs del viernes.
Me agrada cuando me invitan a esas fiestas de arte; hay mucha comida, mucho vino y mucho mimo egoico; a cada paso que damos me presentan como escritor y eso se siente muy pero muy bien. como a las 8 Romina insiste en que tenemos que ir a conocer el departamento que se compró; cosa que Roland, eva y yo hacemos una hora después. El departamento está bueno y tiene pinta de carísimo; su padre es coleccionista de arte y le regaló un Alonso que ella despreocupadamente colgó en la puerta del baño. El reloj marcaba las 11 y cerramos todo con un brindis. Era un buen final como para cerrar el día, sólo quedaba un viaje y llegar a casa. Pierdo el primer colectivo. El segundo no para. De algún extraño modo el universo interviene y se las arregla para llevarme de vuelta al hogar. Como a las 12 se detiene un auto; no es otro que mi amigo Cacho; baja; hace la pantomima de siempre y me invita al casamiento de no sé quién. De un minuto a otro pasamos de Recoleta a Villa Fiorito. Hay mucha negra alzada y mucho pibe polenta. La gente se divierte, el chupi sobra y no falta el cumbión. Todos se cagan de la risa pero de buenas a primera un mono le pone un botellazo en la cabeza a otro y se arma una de piñas y trompadas que terminamos la mitad en Hospital Evita y la otra mitad en la comisaría. A las 4 el asunto está más que cocinado y es hora de retomar la vuelta. Meto la mano en el bolsillo. Dos pesos. Hay que caminar. Hace frío y el cansancio me jode; de pronto alguien me aborda por detrás, me pego un cagazo de película pero al darme vuelta el alma me entra al cuerpo otra vez al ver a Vanina parada detrás de mi. Y que hace ella ahí a esa hora? No sé; pero tampoco se que hago yo ahí a esa hora. Vamos a casa y nos hechamos el polvo del siglo. Como alas 7 suena el teléfono. Mi ex. Hace un año que no nos vemos pero me descarga todo un rosario de puteadas y corta. Vani me dice que se tiene que ir, me pide algo de dinero para el viaje, le doy dos pesos; obvio. Suena el teléfono otra vez. Mi abogado. Que me tiene que ver urgente, que pase. No tengo un puto mango, me voy caminando de Lanús a Avellaneda, de ahí nos vamos al ministerio, de ahí a la municipalidad y de ahí al infierno. Y quieren saber como termina todo esto? Termina con migo en el comedor comunitario de la iglesia universal almorzando guiso de arroz junto a 5 indigentes que miraban impávidos como un tipo totalmente sacado me escupía el nombre de cristo en la cara. Amén? Amén.

1 comentario:

Dr. Mercacio dijo...

FENOMENOIDE
LAGARTIJA COSMICA